Eran las 20:45 de la noche cuando el árbitro pitó el comienzo del partido, partido ansiado por todos los granadinistas que llevaban jornada tras jornada viendo al equipo derrochar puntos por cada ciudad que pisaba, y con cada equipo que nos visitaba, como si eso no costara nada.

Bueno, quizás habría gente con cierta “fobia” a ver otro partido del Granada, después de vivir pesadilla tras pesadilla.

Pero dicen que la unión hace la fuerza, y ayer la grada acompañó la intensidad del partido a la perfección.

Partido con un claro protagonista, Andreas Pereira, que cerró 90 minutos llenos de esfuerzo y calidad en sus botas. Él fue el encargado de subir al marcador ese gol, o mejor dicho, golazo, que daba los 3 puntos.

Al 18 del equipo le seguía el 13, Ochoa. Que salvó al Granada y se encargó de que el equipo no recibiera en su diana ni una sola pelota.

Parece ser que el conjunto rojiblanco salió con una lección nueva aprendida: Dar, pero no recibir. Y si bien es cierto que los amarillos que corrían por el césped derrocharon calidad y tiros a puerta, no consiguieron hacerlo.

Otro de los grandes “porteros” del encuentro, y sin menospreciar a nuestro héroe Ochoa, fue Jesé, el debutante que con el Memo en la otra punta de sus tres palos, falló un claro tiro, inexplicable, a puerta vacía. Y que dicho sea de paso, era más difícil fallarla, que meterla.

¿Cuánto hace que el Granada no iba al descanso ganando un partido? Sería la pregunta que más se hacía ayer por las gradas, las mismas que, seguramente, temían que la intensidad con la que se estaba jugando bajara, pero nada más lejos de la realidad, los 10 que vestían la camiseta roja y blanca, y uno la azul, que corrían y corrían no se cansaron ni un solo minuto, ni se pararon a pensar “¿Estamos ganando? ¿Vamos a perder? ¿Nos empatarán?”. Confianza plena en ellos mismos que les ayudó a aguantar hasta el final, y meter los 3 puntos en el bolsillo, no solo de ellos, si no de todos los que anoche pasaron frío, pero calentaron el ambiente para cerrar un partido inmejorable. Ambiente que, conforme el partido iba llegando al ansiado fin, más y más apretaba.

Ahora, empatados a puntos con el Sporting de Gijón, estamos a 5 de la salvación, salvación que hace una semana se daba por imposible, pero que ahora se ve de una manera “distinta”.

Pero el Granada es eso, sorpresa, esperanza, ese “no se sabe que va a ocurrir” hasta el último momento, y lo que si queda clara es una cosa, si afición y equipo juntan fuerzas, el Granada puede ser un hueso muy, muy duro, de roer…

¿Quién será el próximo en intentar mordernos?

Imagen: Twitter oficial del Granada CF

Inma Plata Fernández

 

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