Y llega San Valentín, el famoso día de los enamorados, y con él todo el mundo se quiere, todo el mundo se adora. Afloran más los sentimientos, el amor, y porqué no, el desamor.

Ese amor imposible con el que siempre lo intentas, con el que siempre quieres estar, ese amor al que quieres, pero siempre sale mal. O lo que es lo mismo, y por resumir una frase tan larga: el Granada Club de Fútbol.

Ayer el frío del norte pareció congelar a los jugadores que corrían (o al menos lo intentaban) por el césped vestidos de rojiblancos, ese frío vestía con el escudo de la SD Eibar e hizo que el Granada volviera a demostrar que las alegrías duran menos que un caramelo en un patio de colegio.

Empezaba el partido con una clara intensidad por parte del equipo rival, que no cesó en su ataque hasta meter el primero. Primer gol de «penalti», pena máxima, que si lo miramos bien ni es penalti ni es nada.

Si, Mateu Lahoz, ese árbitro que dice ser un árbitro que dejar jugar, pitó un penalti digno de haber comprobado si hubiese sido pitado a un equipo con otra camiseta y de mayor entidad.

Adrián convertía el primero, y a raíz de ahí, llegó la retaíla de goles que Ochoa no pudo parar, y otros tantos que el arquero sacó evitando que el resultado sumase dos cifras. Un planteamiento pésimo digno de estudio. Una defensa de escándalo, pero para mal. Y un ataque escaso, o nulo, al gusto del consumidor (o sufridor).

Y el desamor no solo trae eso, también lleva lícito en su significado la decepción, la frustración de ver desaparecer esa esperanza que tenías.

Tras ganar a la UD Las Palmas (y convencer) parecía haber esperanzas  en volver a recibir una alegría, pero no fue así. Parece ser que ganar dos veces seguidas está penado por ley.

Dos regalos en la primera parte, y dos regalos en la segunda. Sí, dos regalos también en la segunda, y ningún regalo de vuelta. Qué esgoístas estos jugadores, ni un solo detalle a dar. Lo siento por esos que esperaban que el equipo rojiblanco saliera en la segunda parte a comerse el césped, porque se quedaron esperando.

Esos son los regalos que trae el Granada CF por San Valentín, en el digno día del «amor imposible».

Los positivos podrán decir que al menos, no recibimos 17 goles , pero seamos realistas, el bochorno no está pagado, sale gratis; pero la tristeza no. La tristeza y la decepción de ver cómo se tira todo a la basura se paga, a base de sufrimientos, de gritos, de ánimos, de energías y todo innecesario e inservible.

Para concluir el partido, Lucas Alcaraz pedía perdón a la afición, mientras que Gastón Silva dijo a los micros de Bein Sport: «Tenemos que poner un poco más de actitud»

¡Vaya! Y la afición que pensaba que eran falta de ganas, coraje, lucha, MUCHA actitud, planteamientos, amor propio… Quédense entonces ustedes tranquilos, sólo con un poco de actitud  y otro tanto de disculpas, se ganarán todos los partidos. ¿O no?

Si el equipo estaba cerca de la permanencia, ayer decidió darle más «gracia» a la liga y hacerla aún más difícil de sostener.

El amor, ese amor imposible

Inma Plata Fernández

 

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