Redacción: Fran Calvo Ortiz

Más que en la propia crónica del encuentro, ya por todos sabido, nos vamos a centrar en la aventura de algo más de un centenar de granadinistas que cruzaron toda España en más de 24 horas laborales para perseguir un sueño.

Tras 15 años de desplazamientos y, posiblemente, más de 60 viajes por el Granada CF a mis espaldas, unas horas después de llegar a la ciudad de La Alhambra desde Bilbao, puedo decir que he vivido uno de los partidos fuera de casa más especiales de mi vida. Seguramente ese sentimiento sea el mismo para muchos de los 150 (aproximadamente) aventureros que decidieron cruzarse España entera para apoyar a su equipo, en un día laboral, para recorrer más de 1.600 kilómetros que se completaron desde la madrugada del miércoles hasta la mañana del jueves.

Alrededor de unos 120 decidimos emprender esa aventura en autobús. No era mi primer viaje a Bilbao para ver un partido del Granada, sino el tercero, pero sin duda que el más especial. El conjunto rojiblanco no disfrutaba de unas semifinales de Copa del Rey desde hace nada más y nada menos que 51 años. Quién sabe si habrá que esperar tanto para volver a vivirlo, aunque, afortunadamente, con este nuevo formato copero el futuro de la competición se ve con más optimismo. No importaba el medio de transporte, la ilusión por una experiencia así podía más que el no dormir o el cruzar un país de norte a sur en una situación un poco incómoda en cuando a dolores de huesos se refiere.

Los mas madrugadores ya hacían acto de presencia en los aledaños de las antiguas taquillas del Nuevo Los Cármenes desde las 5:30 de la mañana, ataviados, como no, con sus mejores galas rojiblancas y sus mochilas con los repuestos alimentarios y refrescantes necesarios para el larguísimo camino que les esperaba. Dos autobuses completos de sueños granadinistas comenzaban su aventura a las 6:10 de la mañana del miércoles 12 de febrero, en dirección a Bilbao (815 kilómetros). Una buena parte del trayecto se lo ahorraron nuevos acompañantes que se unieron en Ocaña (Toledo) y en el Wanda Metropolitano, casualmente el último estadio donde el Granada jugó el pasado sábado. Pero no por ello su ilusión era menor. Son igual de valientes que el resto de granadinos.

Tras reponer fuerzas en la provincia de Segovia, y relevar conductores en Aranda de Duero, nuestra expedición cruzaba la frontera hacia Euskadi, donde empezaron a desfilar coches con adornos rojiblancos horizontales conforme se iba acercando el lugar del destino. Los fondos totalmente verdes y naturales nos presentaban a la ciudad de Bilbao, en la que el tráfico a las 18:00 horas era afluente, y más teniendo en cuenta que nadie se quería perder este acontecimiento histórico. Una vez pisado tierra y recogidas las entradas en un hotel a escasos metros de San Mamés, tocaba disfrutar.

Un ambiente único, que sólo podía protagonizar una hinchada tan copera como la del Athletic en su competición favorita, daba la bienvenida en los alrededores del Nuevo San Mamés. A las 19:30 se produjo el que para mí, sin duda, fue el momento por el que mereció la pena tantas horas de viaje. El recibimiento al autobús local por parte de su afición fue, sencillamente, espectacular. Bilbao era un infierno rojo, imposible describir con palabras. Sin embargo, no acobardaron a los granadinistas, que también dieron una calurosa llegada a los suyos. Pero esas imágenes del autobús del Athletic pasando entre centenares de bengalas y miles de athleticzales es algo que quedará en mi mente para siempre. Aquel que pudo verlo no dudo en que le ocurrirá lo mismo.

Tras ese mágico momento, la Calle Licenciado Poza era el epicentro del aficionado. Con los bares abarrotados, los granadinistas se mezclaban sin ningún problema con sus rivales, que dejaron demostrado una vez más que son una de las mejores aficiones del mundo en cuanto a comportamiento y fidelidad se refiere. Acercándose las 21:00 horas, tocaba ir entrando al estadio, para disfrutar en los prolegómenos del partido del espectáculo de luces de San Mamés y el himno del Athletic Club, que daría paso a lo que verdaderamente importaba, la primera semifinal del Granada CF en 51 años.

Costaba centrarse en el partido con la impresionante acústica y forma de animar que tenía la afición local. Incluso los más pequeños se veían obligados a taparse los oídos debido al enorme estruendo con el que rugía San Mamés. A ello se unía la pareja formada por Iker Muniain e Iñaki Williams, que fueron totales protagonistas del encuentro. Una de las muchas combinaciones entre ambos terminó con el único gol (legal) del partido poco antes del descanso, obra del 10 del Athletic. Su amigo Williams también sería protagonista en el otro tanto del encuentro, ya en la segunda parte, porque gracias a él el Granada todavía sigue muy vivo en la eliminatoria. Un disparo de Capa que entró en las redes de Rui Silva fue revisado por el VAR y anulado por fuera de juego provisional de Iñaki.

El meta portugués del Granada fue clave para que esa ventaja que tenía el Athletic no aumentara, y realizó varias paradas de mucho mérito a lo largo del partido. Su homólogo en la portería, Unai Simón, también demostró que en el equipo rival había portero, y despejó la ocasión más clara de los visitantes tras un zurdazo de Carlos Neva desde fuera del área. El Granada había aguantado con nota el infierno de San Mamés, y dejaba todo por decidir en el partido de vuelta, donde Los Cármenes no van a querer ser menos.

Tras tomar las últimas fotos dentro del estadio, la afición granadinista aun seguiría en los aledaños del estadio una hora más, tiempo suficiente para poder llenar el estómago y reflexionar con los acompañantes sobre el partido y la remontada el próximo 5 de marzo. Las sensaciones eran de más optimismo imposible, e incluso, el resultado era bueno para todos. No cabe ninguna duda en la confianza que hay depositada en este equipo, en este entrenador, y en la olla a presión que será el coliseo del Zaidín en la cita de vuelta.

Una vez colocados cada uno en sus asientos en el autobús y comenzado el camino hacia el sur de España, el que podía dormir lo hacía, y el que no, intentaba llevar el trayecto de la forma menos incómoda posible. No sería de extrañar que aquellos que consiguieron conciliar el sueño lo hicieran con un pensamiento de remontada. Con menos tiempos de paradas durante el camino, la vuelta se completó a las 11:00 de la mañana de hoy, jueves 13 de febrero. 12 horas de ida y 11 de vuelta dentro de un autobús entre un miércoles y jueves laborales. Admirable.

Llegados al punto de origen, el estadio Nuevo Los Cármenes, había quien aprovechaba para comprar la entrada del partido de vuelta. Otros buscaban un sitio donde desayunar y leer el periódico para contemplar su hazaña. También los había que se tenían que ir a contrarreloj a su puesto de trabajo. Y los más afortunados llegarían a sus casas a descansar tras este duro, pero muy ilusionante viaje.

Si en su día fuimos «los 400 de Pucela», esta heroicidad también será recordada. Unos 150 VALIENTES que demostraron un amor incondicional a unos colores en una de las citas más importantes en la historia de su equipo. Ellos representaron la ilusión de una ciudad entera el 12 de febrero de 2020. Y ese sueño se hará realidad el próximo 5 de marzo.

Gracias a los míos por permitirme vivir una experiencia más, única. Gracias a las nuevas amistades y al comportamiento de los integrantes del autobús, siendo uno con el ambiente más sano en los que he viajado nunca. Gracias Bilbao por acogernos tan bien, y a su increíble afición, que siempre me hace sentir que estoy en un lugar especial. Porque la relación con el Athletic y la Copa es especial.

Y gracias Granada CF, por permitir a la gente que por unos momentos se olvide de sus problemas y se puedan permitir soñar. Que no despierten nunca.

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